Invierte una cantidad fija cada mes y mira hasta dónde llega. Lo mejor: verás cuánto pones tú y cuánto trabaja por ti el interés compuesto.
Cuánto de tu cartera es dinero que has aportado y cuánto lo ha generado el interés, año a año.
Invertir una cantidad fija de forma periódica es la estrategia más sencilla y realista para la mayoría: aportas de tu ahorro cada mes, pase lo que pase en el mercado, y dejas que el tiempo haga el trabajo. Con los años, la parte que genera el interés compuesto acaba superando con creces a lo que tú pusiste. Ese cruce es la razón por la que empezar pronto importa tanto: no es cuánto aportas, es cuántos años lo dejas crecer.
Una aportación modesta pero constante suele batir a los intentos de "acertar el momento". Automatiza la inversión el día de cobro y trátala como una factura más: es la forma más fiable de construir patrimonio sin depender de tu fuerza de voluntad.
Aquí usas la rentabilidad estimada tal cual. Si quieres razonar en poder adquisitivo de hoy, resta la inflación (por ejemplo, 7% − 2,5% ≈ 4,5% real) y usa esa cifra. Te ayuda la calculadora de inflación.
No pasa nada: es una estimación de ritmo constante. Lo importante es la media a largo plazo. Retomar cuanto antes es lo que cuenta.
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Herramienta educativa. No es asesoramiento financiero. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.